Una de miedos

“Hay muy pocos monstruos que garanticen los miedos que les tenemos”.

André Gide

No hace mucho tiempo y no sé por qué, pero tengo una pequeña aficción: los microrelatos. Quizás porque son cortos y se leen rápidamente, quizás porque me dejan formar parte de ellos y rellenar todo lo que no dicen.

Luisa Valenzuela escribió uno que dice así: “que bueno”. Se podría decir que no dice mucho, pero para entenderlo hay que leer el título que le puso: “El sabor de una medialuna a las nueve de la mañana en un viejo café de barrio donde a los 97 años Rodolfo Mondolfo todavía se reúne con sus amigos los miércoles por la tarde”. Uno se puede imaginar a Rodolfo Mondolfo con su medialuna en el bar pensando en que por la tarde se verá con sus amigos de siempre y a partir de ahí, tu imaginación te cuenta el cuento. Hay uno muy conocido que se adjudica a Hemninway y que dice: “Vendo zapatos de bebé, sin usar”. Ahí queda dicho. Ahora, cada uno puede montar su propia historia. La de una chica desolada y sin recursos porque ha tenido un aborto o la de un chico que pone un anuncio en ebay porque les han regalado cientos de zapatos para su bebé. Augusto Monterroso escribió “El dinosaurio”, el que se considera el cuento latinoamericano más breve: “cuando despertó, el dinosaurio todavía seguía allí”.

Este microrelato es el que me interesa para hablar de los miedos. Cuando alguien se cuestiona si puede o no ser profesor o profesora, es normal que pregunte por diferentes miedos. El miedo escénico, el miedo a hablar, el miedo a quedarse en blanco, el miedo al grupo, el miedo a algunos participantes, el miedo a que falle el ordenador, etc. Existen multitud de miedos a los que uno se tiene que sobreponer. Es cierto que hay que ser prudente y no tirarse a la piscina sin antes comprobar que haya agua para no hacerse daño, pero también hay que ser valientes y enfrentarse a los miedos. El problema del miedo es que sigue existiendo después de hablarlo, como el dinosaurio de Monterroso que sigue estando allí despues del sueño, pero en realidad y como dijo Gide, hay muy pocos monstruos.

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