Entre emociones anda el juego

“No olivedemos que las pequeñas emociones son los capitanes de nuestras vidas

y las obedecemos sin darnos cuenta”

Vincent Van Gogh

Estábamos ya a la puerta del centro. Era hora de irse cada uno a su casa y poner fin al curso. Así que entre despedidas y comentarios todo era normal, hasta que ella se acercó y me dijo… “Y disculpa por el momento… por…”… “No hay nada que disculpar” le corté yo. “Todo lo contrario. Llorar es bueno. Son emociones y hay que dejarlas salir. No te preocupes”.

La verdad es que uno los mejores momentos de los cursos son cuando las emociones entran en juego, cuando las emociones aparecen en escena aunque nadie las haya llamado y el apuntador no tenga previstas frases para ellas. Nos reímos, nos animamos, sentimos como propio algo que cuenta otra persona, e incluso, a veces aparece una lágrima. Son momentos que uno siempre va a recordar, pero cómo afrontar la situación como formador.

En alguna sesión, recuerdo que nos dio un ataque de risa y no podíamos continuar. De hecho, me acordé de esa sesión durante unos cuantos días con agujetas en el estómago. En otras ocasiones, fue el llanto el que apareció. Un llanto personal. La lágrima de una persona sincera. Porque cuando hablamos hay algo más que palabras, hay sentimientos, emociones, valores, formas de ser y entender el mundo. Quizás porque he decidido centrarme en las personas y no en la materia que explico es por lo que dejo que aparezcan las emociones y hasta ahora siempre han sido positivas. Han hecho madurar a la persona e incluso al grupo. No tengo miedo a que alguien se ría, llore o quiera decir algo personal. Es verdad que nunca me lo había planteado, pero los considero como uno de los momentos más importantes de mi labor como docente. De hecho, cuando echo la vista atrás, lo primero que recuerdo son esos momentos. Así que gracias a todos los que me habéis regalado vuestra sonrisa, vuestra risa, vuestros sentimientos e incluso alguna lágrima, gracias de todo corazón.

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