Horas que pasan, no son horas

“[…]Llovía su vida, frente a sus ojos, espectáculo quieto.”

Alessandro Baricco, Seda


En formación como en la vida, hay gente que se queda mirando la lluvia. Me acuerdo de la lluvia de Santiago, de aquellos días universitarios y de aquellas tardes ya de formador. También me acuerdo de aquellas noches. Me acuerdo de mojarme de arriba a abajo, de pasear por sus calles entre el Toural y la Quintana, me acuerdo de mojarme con olor a piedras. Disfrutar de la lluvia que es lo que toca hacer en Santiago. Pero disfrutar. No de quedarme mirando a que escampe.

Leo estos días a Baricco. Le conocí hace tiempo viendo su obra Novecento, el pianista del Océano, de mano de los grandes, Tantaka Teatroa. Una tarde en el teatro principal de Santiago que nunca olvidaré. Admiré la poesía que escondían sus palabras en aquel monólogo, pero no volví a leer nada suyo hasta ayer. Y ayer, leyendo Seda me volví a emocionar con sus palabras. Palabras para narrar una historia, pero palabras que las haces tuyas para entender tu historia.

Dice Baricco de su protagonista que es “uno de esos hombres que prefieren asistir a su propia vida y consideran improcedente cualquier aspiración a vivirla […] personas que contemplan su destino de la misma forma en que la mayoría acostumbra a contemplar un día de lluvia”. Y pienso cuántas veces se me ha pasado por la cabeza, contemplar cómo pasan las horas y viene el final de la jornada, pero rápidamente, me defiendo y digo: “¿que cómo pasan las horas? Como a mí me gustan que pasen, disfrutando de cada una de ellas”.

No hablaré de los formadores y las formadoras que conozco que simplemente pasan las horas. No hablaré de ellos ni de ellas. Hablaré de los otros y de las otras. Quienes forman disfrutando de cada hora, de cada minuto, de cada momento. Porque cada momento es distinto e irrepetible. Cada sesión, cada persona, cada situación no se vuelve a repetir, es única. Por eso, en el aula debemos disfrutar tanto si hace sol como si llueve, encontrando el encanto de estar en ese momento en el lugar en que algo está sucediendo. La lluvia también tiene su encanto. No se trata de contemplar cómo llueve, sino de disfrutar de la lluvia. No se trata de pasar horas, sino de disfrutar de cada hora que pasa. Y sonando de fondo la melodía de I’m singing in the rain, seguiré leyendo al poeta y aprendiendo de la vida, lo que me enseña.

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