Lo que ha dicho el grupo que no lo diga el docente

“Es infinitamente mejor tener unos pocos hombres buenos que muchos indiferentes.”

George Washington

– Lo hago porque es divertido.

– ¿Sólo por eso?

– Sí, cuando tengo que darles un descanso, cojo uno de esos jueguecillos de grupo y nos reímos… Luego vuelvo a darles clase.

– No te entiendo.

– Verás. Les llaman dinámicas de grupo y son muy divertidas. Hay un montón y tienes muchos libros que hablan de ellas. Es algo como hacer un ejercicio entre todos. Créeme, se lo pasan bien y así se lleva mejor el curso.

– Entonces, si entiendo bien. Tú das clase y de vez en cuando, haces una de esas… ¿dinámicas, dijiste?

– Eso es. Lo hace más llevadero, más fácil.

– Pero para eso, ¿no es mejor darles un descanso?

– Pero no podemos salir del aula, tenemos que inventar algo para tenerlos entretenidos.

– ¡Ah! Así que además de formar, eres un entretenedor.

– Je, je, je… Nunca me habían llamado así.

– Je, je, je… A las dinámicas de grupo tampoco.

No recuerdo si la conversación fue exactamente así, pero seguro que fue muy parecida. Él hablaba de pasar el tiempo en el aula y yo de aprovecharlo. Cuando hablo de dinámicas de grupo, no hablo de entretener, de pasar el rato. No entiendo que la formación sea lo suficientemente aburrida como para tener que buscar un juego o un pasatiempo que la haga más llevadera. Es un recurso, pero mejor sería hacer la formación atractiva. Cuando hago una dinámica, cuando nos convertimos en exploradores de la jungla, en el arquitecto de un castillo medieval, en la diva del cine, en un equipo de deporte de élite, en una cadena de alta cocina, en la dirección de una nueva televisión o en tantas y tantas otras actividades con las que he trabajado, nunca lo he hecho para pasar el rato, sino para facilitar el aprendizaje. No descubro nada nuevo, pues en 1946 ya descubrió Kurt Lewin las propiedades de las dinámicas de grupo, pero a veces, como en el ejemplo, tienes que defenderlas.

Una dinámica de grupo no es el ejercicio que está escrito en un libro, es el momento en que el grupo se convierte en su propia fuente de aprendizaje. Me explico. Si hablo, expongo mi conocimiento, sea mucho o sea poco. Si hago, demuestro lo que sé. Si pregunto, hago que el alumno o la alumna responda con sus palabras. Si estimulo, hago que ellos descubran sus aprendizajes. Es la clásica división de métodos de formación: exponer, demostrar, preguntar y descubrir. Cuatro métodos a dominar y a poner en escena por parte de los formadores. Hoy me detengo en el último, el descubrimiento. Cada miembro del grupo opina, observa, debate, propone, lidera, comunica, gestiona, actúa, evalúa, motiva… descubre. Esa es la idea. Se trata de que el grupo descubra por sí mismo el aprendizaje, de forma que al vivir la experiencia de descubrirlo, el aprendizaje se convierte en significativo y por tanto, lo que el grupo descubre, ya no es necesario que lo descubra el formador.

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