Por qué lo llaman liderazgo si quieren decir mandazgo

“Ejemplo es liderazgo”

Albert Schweitzer

Ahora haz esto, ahora haz lo otro… Ahora haz aquello y luego ya harás lo que yo te mande…Haz, haz, haz… Hay quien dice que los jefes siempre mandan y que para eso están, para mandar. Ahora le llaman liderar, porque suena mal eso de mandar, pero lo suyo es seguir mandando que para eso son los jefes… o jefas. Del mismo modo, en la formación, muchas veces adoptamos ese rol de mandar, de mandar hacer, de mandar hablar, de mandar pensar, de mandar al fin y al cabo. Y también le llamamos liderar porque no nos gusta esa palabra tan directiva que es mandar, pero bien mirado lo que hacemos es “mandar”, por lo que nuestra cualidad es el “mandazgo” y no el “liderazgo”. En fin, que nos gusta tener el mando, el control. ¿Es malo? No. Nos gusta mandar, tenemos el mando y mandamos. Punto final… pero ¿qué ocurre cuando alguien no obedece? Ups… Bueno, si tenemos el mando, nos tienen que obedecer ¿no?… Pero ¿y si no nos obedecen?… Vaya, vaya, se complica esto del “mandazgo”…. Ya sé, si no nos obedecen, tenemos que tener recursos para que nos obedezcan… Eso es… Tenemos el mando y además una serie de recursos para que se acepte nuestro mando…  Yo tengo que mandar y los demás tienen que obedecer, ¿por qué? Porque para eso soy el que manda… ¿Es malo? Bueno, sólo para los que no obedecen. ¿Y cuántos no obedecen? Ninguno. Sigo con mi modelo. Alguno. Sigo con mi modelo. Bastantes. Sigo con mi modelo. Todos. Sigo con mi modelo… Aquí algo falla, si todos se oponen y los echo, ¿en quién mando? Creo que he encontrado el problema de “mandar”. El problema no está en quien manda, sino en quien obedece. El primero no decide, sólo manda. El segundo tiene la capacidad de decidir entre obedecer o no. El “mandazgo” requiere “obediencia” y la “obediencia” requiere personas que acepten ese “mandazgo”. Por tanto, mandar y obedecer dependen de un elemento previo: la aceptación.

Cambio de posición. Para obedecer, tengo que aceptar que el otro me mande ¿y por qué lo hago? Por muchas cuestiones, por todas juntas o por alguna en particular: por confianza, por interés, por engaño, por simpatía, por probar, porque otras personas lo hacen, porque nadie lo hace, porque sí… Existen muchas razones por las que puedo aceptar que otra persona tome el mando y le obedezca. Es entonces cuando decido que esa persona mande, cuando acepto que ella dirija nuestra relación. Ese es el momento del reconocimiento, el momento del liderazgo. Así que el liderazgo es la aceptación por parte de un grupo de personas de que alguien asuma ser el líder, el guía, el responsable. El liderazgo es aceptar esa relación de mando y obediencia. A partir de entonces, el líder tiene que gestionar su liderazgo bajo la premisa de que es una relación entre personas que le han confiado su obediencia y no, que manda por la posición que ocupa.

El jefe o la jefa que manda porque para eso es jefe o jefa asume que todos le tienen que obedecer. El docente que manda porque para eso es docente asume que todos le tienen que obedecer. El líder que manda porque se ha ganado la aceptación de los demás, asume la responsabilidad de esa relación y es consciente de que tiene que cuidarla. El docente que lidera la formación se sabe a sí mismo o a sí misma, que es responsable del proceso de formación y que hay un grupo que le ha confiado ese liderazgo… Así que ahora hago esto, ahora hago lo otro… Ahora hago aquello y más tarde ya haré lo que tú me digas, porque realmente soy yo quien quiere hacerlo.

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