To be continued…

“La formulación de un problema es más importante que su solución.”

Albert Einstein

“…Allí estaba ella. Sola. Delante de ella, una caja negra llena de cables y un temporizador que corría rápido hacia atrás. Marcaba 1:38, pero el tiempo en ese momento parecía ir más rápido. ¿Qué hacer? Había visto muchas películas y sabía que tenía que cortar un cable, pero había tres colores. ¿Cuál? El tiempo no se paraba y ya había alcanzado el 1:05. Ella y la caja, tres cables, el tiempo. No podía pensar, pero quería pensar. ¿Qué hacer? Se volvía a preguntar. Nunca había imaginado la situación, por qué ella, por qué aquel día. La caja seguía quieta. El tiempo no. Su cabeza daba vueltas. Tragaba saliva continuamente. La situación no era de su gusto, pero sólo ella podía hacer algo… ¿El qué?… 0:37… El tiempo pasaba y había que elegir un color… Elige, elige, elige… 0:22… Elige… 0:08… Ahora no había tiempo para pensar, había que decidir y asumir lo decidido… (continuará)”.

Espero que nunca nadie se vea en esta situación y más si es docente, pero el ejemplo me vale. Muchas veces me han preguntado como se gestiona un conflicto en el aula y hemos trabajado sobre ello. Separar el conflicto de las personas, trasladarlo a la situación, encontrar los motivos, los racionales y los emocionales, y a partir de ahí aparecen muchas soluciones. Pero el problema aparece cuando no se da el primer paso. Cuando persona y conflicto están unidas. Cuando alguien en el grupo sólo aparece para “bombardear” y echarlo todo hacia abajo. Existen. Son pocos, los menos. Bombas les llamo yo. Una bomba no es el que interrumpe o cuestiona al profesor, eso es una persona con ganas de participar. Una bomba es el que no permite que haya aprendizaje y eso es lo que no podemos permitirnos. A veces se les ve venir de lejos, otra veces se esconden dentro del grupo, incluso se camuflan como el caballo de Troya. Como formadores y formadoras tenemos que estar muy atentos al grupo, empatizar con él, facilitarle el aprendizaje y conocerlo, siempre conocerlo, porque en ese caso, si reconocemos una bomba, tenemos que actuar. Podemos echarnos encima de ella y que nos explote encima, pero que no dañe al grupo. Podemos intentar cogerla y lanzarla a otra sala, a la dirección, por ejemplo. Podemos intentar cortar un cable en sentido metafórico, por supuesto, no siempre llevamos tijeras al aula. Podemas dejarla que explote y que todo el grupo salte por los aires. Pero lo importante es saber lo que tenemos que hacer con ellas. ¿Qué harías si te encuentras una bomba en el grupo? ¿La desactivas? ¿La detonas? ¿La trasladas a otra aula? ¿Esperas refuerzos? ¿Pides a alguien del grupo que la desactive? No hay una solución correcta para todos los casos, pero sí una decisión importante y una responsabilidad. Como docente soy responsable de la decisión que tomo, por tanto, si estoy preparado para desactivar una bomba, será mejor que si me veo delante de ella, solo y sin haberlo pensado antes.

“…0:07… Tragó saliva por última vez y acercó la tijera al cable amarillo… 0:05… Cerró los ojos, pensó en que todo acabaría pronto… 0:03… Dio un último suspiro y puso toda sus fuerzas en su mano derecha… 0:01… Crack… (¿continuará?)”.

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