Café sin mala leche

“Aquél cuya sonrisa le embellece es bueno:

aquél cuya sonrisa le desfigura es malo.”

Proverbio húngaro

Cafetería

10:30

Me siento en la barra. Pido un café con leche templado y cojo el periódico. Sección de opinión.

En realidad me he sentado en una butaca, no en la barra, y mientras me pregunto por qué he pedido un café cuando me había prometido a mí mismo ir dejándolo, entra otra persona en el local. Ya somos dos. Me alegro por el dueño en estos tiempos de crisis. La barra es larga, pero se sienta a mi lado. Nos saludamos por cortesía. Comienzo a leer la opinión de Blanco Valdés y de repente, unos hilillos de humo asoman por encima del periódico. Mi nariz tarda en reaccionar pero reconoce que es tabaco. Levanto la mirada. El local sigue vacío. La barra es larga y justo en la misma esquina estamos los únicos clientes. A un metro el uno del otro. Él ha pedido un carajillo y no lee nada. Ha encendido un cigarrillo, le ha dado una calada y lo ha dejado en un cenicero. El cenicero estaba a su izquierda, pero ha decidido ponerlo a la derecha. Justo entre los dos. Y ha querido la suerte que el humo, en lugar de ir hacia la izquierda, hacia la persona que lo ha encendido y quiere, ha venido a mí que no lo he llamado. Me pregunto por qué. No por qué lo ha encendido, que yo también he pedido un café por costumbre. Si no, por qué ha tenido que hacerlo justo a mi lado y viendo que me ha echado todo el humo encima, sin necesidad, por qué no reacciona.

Me levanto, cojo mi café y el periódico y me siento en una mesa. Bueno, en realidad en una silla. “Así estoy más cómodo”, me digo. Él sigue fumando en su sitio. Yo sigo a lo mío. No tardan en aparecer unos jóvenes y quiere la suerte nuevamente que, con todo el local vacío, se sientan a mi lado. Ni siquiera me ha dado tiempo ha llegar al primer párrafo. Los jóvenes no hablan entre ellos, se gritan unos a otros. No opinan. Gritan. Dejo la lectura y afino el oído. La verdad es que no es necesario afinar mucho. Gritan a mi lado, así que escucho bien lo que dicen.

“Fue una mala película, sin duda… Fue una buena película. Muy buena… No me gustó nada… Hacía tiempo que no me sentaba en el cine y disfrutaba tanto. La protagonista ha estado genial… Ella va de sobrada… El protagonista también lo ha bordado y eso que dudaba mucho de él para hacer una comedia… Él no hace reír a nadie… La madre de ella fenomenal y el vecino extraño todo un personaje… El resto sobreactuaban… Me he reído un montón y eso es lo que quería… Ya me dirás quién se puede reir con esto… Salí cantando la música pegadiza que ambientaba varias escenas… ti-tiri, ti ti-ri… Eso es lo único que me ha gustado. Esa musiquilla sí era simpática. Se me ha quedado en la cabeza y tardaré en quitármelo… No sé qué decir, no está mal para pasar el rato.”

Mi cabeza intenta poner orden en las frases al tiempo que se pregunta si habrá estado bien o mal la película. De repente una sonrisa. Ya estamos con el problema de la evaluación. ¿Qué es evaluar? Dar valor ¿Qué se evalúa? La película. Pero concretamente qué. La actuación de los protagonistas. ¿Que tipo de valor? Lo han hecho bien o lo han hecho mal. ¿Cómo lo voy a saber? Defino qué es actuar bien, cuál es mi “referente” de actuar bien, por ejemplo, que la actuación sea creíble, que pudiera ser alguien que yo conozco y que actúa así en la vida día a día. ¿Y actuar mal? Cuando nadie actuaría así jamás en la vida. Ya tengo un referente para actuar bien y otro para actuar mal. Ahora toca situar la actuación de los protagonistas en uno de los referentes. Si caen en el primero lo habrán hecho bien, si caen en el segundo, lo habrán hecho mal. Evaluar es dar valor, decidir a qué se quiere dar valor, decidir qué tipo de valor y buscar los referentes para dar sentido a ese valor.

Termino mi café, cierro el periódico y pago mi consumición. Me voy evaluando lo que ha pasado. Si ha estado bien o no pedir un café, moverme del sitio para evitar el humo, no acabar de leer el periódico. Evaluar. Algo tan sencillo que hacemos todos los días y que nos complica la vida cuando lo hacemos en un curso. Evalúo. Sonrío.

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