Una lección aprendida

“Los ensayos son una gran aventura.”

GROTOWSKI

No entendía la situación ¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué el director no le decía nada? Mi cabeza sólo pensaba: “tengo que echarle veneno en su café, pero él se tiene que dar la vuelta para que yo pueda hacerlo”. Él seguía de frente, sonriendo y alargando la conversación. “Ya está bien, ¿a qué esta jugando este tipo?”. Le eché el veneno delante de su cara. Él se empezó a reír y dijo que no tenía sentido. Le contesté que si cada uno hacía lo que le daba la gana, nada tenía sentido. Que si él se diera la vuelta como mandaba el guión, yo le hubiera echado el veneno y todo tendría sentido. Se volvió a reír. “No busques la culpa en los demás” me espetó a la cara. El director paró el ensayo. Se acercó a nosotros. Le dio una palmadita en la espalda a él y luego me clavó un puñal en la espalda a mí “¿Lo has entendido ahora?”. Mi cara decía claramente que no.

“Otra vez” dijo el director. Comenzamos la escena como siempre, nos sentamos en la mesa, pedimos el café, hablamos del tema que teníamos que hablar y llegó el momento esperado… Él sonreía y alargaba la conversación. “No se va a dar la vuelta”. Mi cabeza lo tenía claro. “No se va a dar la vuelta… Bien, vale, ¿quiere jugar? Juguemos a esto. Él se tiene que dar la vuelta, pero no quiere hacerlo. Yo no decido por él. Yo decido por mí… No es su error, es el mío. Él está jugando su papel y yo tengo que jugar el mío. ¿Qué puedo haer yo? Tengo que obligarle a que se de la vuelta. No, no puedo obligarle. Tengo que buscar la forma de que lo haga. Ya sé”. En la mesa había un cenicero y como sin querer, mi codo lo golpeó y cayó rodando por el suelo. Él lo entendió. Se agachó para recogerlo e hizo tiempo para que le echara el veneno. Cuando lo puso en la mesa, los dos sonreímos. “¡Perfecto!” El director cortó el ensayo. “¿Lo has entendido?” Ahora no sonaba a una puñalada, ahora lo había aprendido.

¿Qué aprendí aquel día? Lo que era un ensayo. Un ensayo no es hacer lo mismo. No es repetir todo de la misma forma. Es probarse, buscar alternativas, pensar, jugar, aceptar el reto de que uno decide por sí mismo y no por los demás. Que las cosas no son siempre igual y que hay muchas personas jugando. Cada una con su estilo. Que a vece no hacen lo que se supone que tienen que hacer, pero que tú respondes por ti mismo y que si la escena depende de ti, tienes que asumir la responsabilidad y no echar la culpa a otro. Ensayar es jugar con uno mismo. No sé cuando lo oí, pero era algo así como: “lo que no se ensaya, no sale en escena”. La idea es que cuando estás en el escenario delante del público que ha venido a verte, es muy complicado que inventes o pruebes gestos, movimientos o entonaciones que antes no hayas ensayado. Siempre hay un pequeño espacio para la improvisión, pero ese es otro tema. A lo que vamos. Lo que se ensaya es fácil que se haga y lo que no se ensaya es muy difícil que se haga. Esa es la idea. Ensayar para hacer después.

En formación ocurre lo mismo. Lo que se “ensaya”, a lo que solemos llamar “prepara” o “planifica”, es más fácil que se haga en “escena”, a lo que llamamos “aula” o “sesión”. Al igual que en el teatro también hay un espacio para la improvisación, pero ese es otro tema. La idea es que lo que preparamos es más fácil que lo hagamos. Pero preparar no es sólo escribir una programación. Preparar es ensayar, probarse, jugar con uno mismo, buscar alternativas. Preparar no es hacer siempre lo mismo, es ensayar frases, probar nuevas técnicas, jugar con la puesta en escena como formador, buscar alternativas para enseñar-aprender lo mismo como aquel día en que tuve que buscar la forma en que se tenía que girar mi compañero para que le echara el veneno. Esa es mi idea de la “preparación” de una clase. Un juego, un ensayo, un trabajo… pero divertido. Creo que al final, sí lo he entendido. Una lección aprendida.

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