Digan lo que digan, algo hay que decir

“Difama que algo queda.”

LUCRECIA BORGIA (posiblemente)

Hace poco intervine en un seminario sobre estrategias de comunicación empresarial. El tema no es nuevo, pero sigue siendo actual. ¿Qué ocurre cuando hablan mal de nosotros o de nuestra profesión? ¿Por qué nos afecta cuándo se habla mal de la formación en general y no de nuestra formación en particular? ¿Por qué cuando alguien dice que la formación no sirve para nada, uno se siente ofendido? Quizás la persona que lo dice está convencida de lo que dice y lo ha vivido por sí misma. Quizás haya sido formado en algo que no le ha servido para nada en la vida. Quizás tenga razón. Yo tengo ejemplos del otro lado. Propios y de otras personas a quienes la formación sí les ha valido de algo. Puede que yo no tenga nada que ver con lo que haya dicho esa otra persona o que yo no lo sepa todavía y que haya apostado profesionalmente por algo que no sirva para nada; pero si ella se pronuncia y mueve ficha, tengo dos opciones: callarme y dejar que ella construya el discurso de que la formación no sirve para nada o jugar mis cartas.

Recuerdo un cuento árabe de Nasrudín, el gran Nasrudín desde que lo descubrí… Y no hace mucho que lo descubrí, concretamente este verano. Es cierto que ya había leído algo de él con anterioridad, pero fue en la feria del libro de Coruña donde me hablaron de él con tal admiración, que tuve que leer sus enseñanzas. Pues el gran Nasrudín que  enseña con cuentos ingeniosos que rompen la forma habitual de pensar, dijo que un día un juez le pidió que le ayudase con un problema: ¿Cómo castigar a un difamador? La respuesta no se hizo esperar: cortándole las orejas a todos los que escuchen sus mentiras.

Evidentemente, además de inmoral e ilegal, es imposible cortarle las orejas a todo el mundo. Pero no se puede castigar justamente a quien difama, pues la difamación ahí queda. Hay que combatirla. Mover ficha. Estar preparado para lo que digan y estar preparado para decir. Si defiendo la formación es porque creo en ella, porque sé que la formación sirve para dar forma. Porque hay personas que quieren hacer y no saben hacer. Y entre querer y hacer hay un camino que andar, un camino que aprender. No creo en la diosa Formación por sí misma, ni la venero, ni hago sacrificios ante los dioses. No se me llena la boca diciendo que la Formación es lo más importante en esta vida, pues la considero un medio. No seré yo el que diga que la formación es la solución.  Pues soluciones hay muchas y la formación es sólo una de ellas. Pero sí seré el que defienda que formarse es aprender a darle forma a lo que queremos hacer. Formarse es poder. Decir que la formación no sirve para nada es aceptar que las cosas son como son y no podemos hacer nada más que sufrir. Ese no es mi discurso. Quien se quiera formar y aprender a dar forma a lo que quiere hacer, que se forme. Quien no, que disfrute de la vida como le venga. Así que digan lo que digan, algo habrá que decir.

Anuncios