Eres la leche

“No es la vaca más ubrona, quien más leche proporciona”
ANÓNIMO

Cafetería

10.30 de la mañana

Sábado

Dos amigos se sientan en una mesa y se piden un café. El primero solo. El segundo con leche. Hablan de sus cosas y de cómo les ha ido la semana. El café está muy caliente y el segundo pide un poco de leche fría. Empieza a echar la leche. Por supuesto, ambos son formadores.

“…Así que cerré la carpeta, me despedí de mis alumnos y les dije hasta mañana. Ja, ja, ja. Tenías que haberles visto la cara. Estaban impresionados. Aún no sé qué les voy a contar el próximo día, pero este primer día fue impresionante. Me salí. De la A a la Z. Lo dije todo. Sin equivocaciones y pareciendo muy seguro de mí mismo. La verdad es que el tema lo domino bastante y sé mucho… Más de lo que pienso, creo. Lo he preparado a conciencia. Fechas, datos, nombres. Me encanta la gestión de los recursos humanos. Hasta les conté anécdotas de Taylor, Ford, Fayol. Buf, los he dejado de piedra. Tenía miedo por si alguno sabía algo del tema, ya sabes que hay gente que viene de psicología o sociología o cualquier carrera, porque en las universidades se habla de esos temas… Vamos, no, miedo no. Tenía dudas. Pero ya se sabe, el que sabe, sabe. Je, je. Estoy contento con esta clase… ¡Eh! ¿qué haces? ¿se te está cayendo la leche por fuera?”

Vaya, caerse la leche por fuera. Qué gran aprendizaje. Resulta que cuando echamos leche en una taza, ésta tiene un tope, un límite. Y cuando lo pasamos, por mucha leche que tengamos en la jarra, lo único que hacemos es echarla por fuera, ensuciar la mesa o incluso el suelo. Muchas veces sabemos más de lo que podemos contar en una sesión. Una sesión es como una taza. Tiene un límite temporal.  ¿Qué podemos contar en ese tiempo de todo lo que sabemos? Posiblemente sólo una parte. Pero, ¿es ésa la pregunta? Creo que no. No se trata de rellenar el tiempo de la sesión, sino de aprovecharlo. No se trata de contar todo lo que sé o parte de lo que sé. No se trata de dejarlos impresionados. Se trata de que se impresionen por ellos mismos y por ellas mismas. De contarles lo que quieren saber o necesitan saber. Igual una anécdota de la vida de Ford o Fayol no tiene sentido y es mejor contar cuánto tiempo tardan en montar un bolígrafo, diez bolígrafos o cien bolígrafos BIC para explicar el porqué del análisis científco de las organizaciones. No importa tanto lo que sabemos, como lo que somos capaces de hacer aprender.

En vez de llenar la jarra de leche y echarla sobre la taza de la sesión, lo que tendremos que preguntarnos es si es leche lo que tienen que aprender nuestros alumnos y alumnas. Hablar por hablar de la leche, por mucho que sepamos de ella y lo seamos, no es lo apropiado.

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