Si no es por ti, es por mí

“No tratéis de guiar al que pretende elegir por sí su propio camino.”

WILLIAM SHAKESPEARE

La situación parecía una ruptura de pareja. Más o menos, esto es lo que pasó. Ella decía: “si no es por ti, es por mí”; y yo le decía: “pero si no es por mí, no me dejes”. Realmente las frases no fueran esas, pero lo podrían haber sido. Ella decía: “si no es por el curso, los compañeros o la forma de dar el curso… pero lo dejo”; y yo le decía: “pues si te gusta el curso, la compañía, la dinámica de las sesiones, no sé por qué lo dejas”. Todo quedó en volver al día siguiente y ver qué pasaba.

Al día siguiente, le gustó el curso, le encantó la compañía, le sorprendió  la sesión, se lo pasó genial y… se despidió: “No es por vosotros, es por mí”.

La verdad es que cuando trabajas creando equipos y alguien se va de un curso, se nota su marcha. Es un momento difícil. Me he alegrado muchas veces de gente que se ha ido de un curso ¿Por qué? Porque eran acciones para profesionales que no encontraban trabajo y de repente, en mitad del curso, lo encontaban. Se iban del curso para trabajar y eso me alegraba porque era el objetivo de la formación: que los profesionales puedan ejercer su profesión. Otras veces me he alegrado de que gente que no quiere formarse (y que no quiere dejar que los demás se formen) abandonara la casa del gran hermano. Aunque soy de los que defienden que hay que intentarlo todo, antes de dar el paso de las nominaciones; a veces, la única sólución es nominar a alguien y hablar con la dirección. Ya hablé hace un tiempo de esa misión de desactivar bombas  que tenemos los formadores y formadoras en el aula.

Lo que me da vueltas hoy a la cabeza, es esa gente que abandona un curso y no sabes por qué lo hace. Decisiones que no entiendes. Las aceptas, les dejas irse, pero no lo entiendes. Y eso que es fácil de entender. Tú sólo eres parte de un curso. Te crees que lideras la formación creando un grupo, diseñando un programa, manejando el timón de un lado para el otro, controlando los cambios climáticos, etc. y te das cuenta de que hay muchas variables que no puedes controlar. Que la formación no es “formadordependiente”, que tu misión es controlar aquello que puedes controlar. ¿Puedes controlar las decisiones de tus alumnos y alumnas? No. No es por ti, es por ellos y por elllas, por lo que deciden. Les puede gustar el curso, la compañía, las técnicas, el estilo, pero puede haber alguna cuestión que les haga abandonar.

A veces, cuando crees que puedes crear el mejor clima y la mejor sesión, se dan circunstancias que hacen que todo acabe mal. Es lo bueno y lo malo de que no haya “formadordependencia”. Es lo bueno y lo malo de aceptarnos como libres. Controlarlo todo es imposible; responsabilizarse de lo que uno puede controlar, es lo único que podemos exigirnos. La pregunta ahora es: y si se va un alumno de un curso, ¿eres mal formador?… O mejor dicho: ¿saber cuántos alumnos dejan un curso es un criterio para saber si la formación es de calidad o no?… El próximo día cuando hable de calidad y formación, pensaré en esta frase: si no es por ti, es por mí.

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