Trata a los demás como…

“Hay que tomar a las personas como son, no existen otras.”

Konrad Adenauer

“¡Ay, si todos tratásemos a los demás como nos gustaría que nos tratasen… otro gallo cantaría”. Así terminó la conversación el otro día en una cafetería en la que nos dio por arreglar el mundo. Lástima que en las cafeterías donde se arregla el mundo, se queden sólo las palabras, pero ése es otro tema… La verdad es que nunca me había parado a pensar mucho en esta frase. La regla moral por excelencia: trata a los demás como quisieras que te traten.

No sé cuándo surgió la idea. En tiempos de Platón, el de los hombros anchos dijo aquello de “que me sea dado hacer a los otros, lo que yo quisiera que me hicieran a mí”. Y antes que él, Confucio, el Maestro Kong de la Antigua China, decía “no hagas a los demás lo que no quisieran que te hicieran a ti”. Sea como fuere, en algún momento la humanidad se dio cuenta de que la moral estaba para regular las relaciones sociales.

Cuando empecé como formador lo hice con esta premisa. No me gusta cómo me han tratado muchos y muchas docentes, pero sí me gusta cómo lo han hecho algunos y algunas. ¿Qué es lo que me ha gustado? Que se han preocupado por mí, que me han hecho pensar, que me han permitido participar… Así empecé a establecer mis criterios para formar. “Forma a los demás como te gustaría que te formasen a ti”.

Sin embargo, cuando reflexionas y piensas lo que haces te das cuenta de un error. Hay personas a las que les gusta otro tipo de formación. No les gusta que les hagan partícipes, que utilices técnicas, que aproveches las palabras del grupo… Antes pensaba que no era posible, pero el tiempo me dice que sí, que es verdad. ¿Por qué? Porque prefieren otro tipo de formación ¿Es malo? No, es pluralidad, diferencia, es bueno. ¿Qué ocurre? Que el principio moral no funciona. No se trata de formar a los demás como quisisera que me formaran a mí. Se trata de formar a los demás como a los demás les gustaría que les formaran. No se trata de establecer los criterios para mí, sino para cada uno/a de mis participantes. Son preferencias. Es adaptación. Yo puedo tener mi estilo, sentirme a gusto con él, preferirlo a otros estilos… Pero hay participantes que requieren otros estilos y por tanto, es necesario saber utilizarlos, adapatarme. La capacidad de adaptación al estilo de los demás. Por tanto… ¡Ay, si todos formásesmos a los demás como a los demás les gustaría que los formaran… otro gallo cantaría!

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