No hay formación que por bien no venga

“No todo lo que reluce es oro,

ni todo lo que es oro, reluce.”

ANÓNIMO





Me imagino la escena de Casablanca en la que Rick (Humphrey Bogart) se despide de Ilsa (Ingrid Bergman), pero diciendo “siempre nos quedará aquel curso de formación”. Y es que existe un modelo de formación divertido, que gusta, que se vive y se quiere recordar… ¿Cuál es el problema? Que lo “bueno” de pasárselo bien en un curso, sustituya al propio curso. Me explicaré.

Acabo de estar discutiendo y digo discutiendo porque dos discuten si uno quiere y en este caso queríamos los dos. Hemos discutido sobre formación y empresa. Sobre necesidad e interés. Sobre objetivos y resultados.

– La crisis afecta a todo y también a la formación y las empresas no se quieren formar, es una pérdida de tiempo – Me ha dicho.

Mi sonrisa ha salido a pasear como de costumbre y he tenido que matizar.

– La crisis y las oportunidades afectan a todo y también a la formación y las empresas que saben que necesitan estar al día seguirán formándose, mientras que las que pierden el tiempo en algo que llaman formación, dejarán de hacerlo y posiblemente lo pierdan en otras cosas.

– Ya sé que la formación es importante – me ha dicho para calmar las cosas – pero ¿para qué sirve? ¿Para qué la quiere una pequeña empresa? Pierde dinero y pierde tiempo y en esos momentos, nadie está para perder dinero y tiempo.

Otra sonrisa. Está claro que partimos de dos visiones muy distintas de la formación.

– Lo que llamas formación tiene otro nombre que es el de pasatiempo – le he dicho.

Vamos a poner las cosas claras. Hacer un curso y valorarlo positivamente porque ha sido divertido sólo significa eso, que ha sido divertido. Hacer que un curso sea divertido y además sirva para aprender conductas o habilidades para desarrollarse profesionalmente, eso es formación. Si estamos acostumbrados a hacer cursos de pasatiempo, de leer un manual y pasar un test o incluso de hacer cuatro juegos divertidos sin más, es posible que en tiempos de crisis no queramos pagar por pasar el tiempo. Pero si añadimos “formación”, “estar al día”, “desarrollo”, “actualización”, “capacidades”, “habilidades”, etc. entonces estamos hablando de un requisito para todo profesional y toda empresa. Soy defensor de la parte emocional de los cursos. De disfrutarlos. De vivirlos. De recordarlos. De decir, “siempre nos quedará aquel curso de formación”, pero la formación no es sólo divertirse. Eso es animación. Podemos incluir la animación en la formación, pero no sustituir una por otra. La formación tiene que incluir aprendizaje.

Se acabó la discusión. Él sigue pensando que la formación no vale en tiempos de crisis. Yo sigo pensando que la formación tiene que superar la crisis. Abandonar ese modelo del todo vale o esa idea de que “no hay formación que por bien no venga”, por un nuevo compromiso: “hay acciones para pasar el tiempo y formación para adaptarse a los tiempos”. La formación requiere resultados. Sólo así, podremos dar valor a la formación y que no sólo se quede en un recuerdo, sino en un lugar al que volver… como París.

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