La formación está deformada, ¿quién la desdeformará? El desdeformador que la desdeforme…

“¿La diferencia entre realidad y ficción? La ficción tiene mayor sentido.”

TOM CLANCY

Bueno, vale, de acuerdo. Resulta que la formación es una maravilla y soluciona todos los problemas del mundo y es la actividad más necesaria en el mundo empresarial y si las empresas no tienen en cuenta la formación, se pierden en el camino y bla, bla, bla… Pero resulta que esa es la reflexión en una de las mesas de debate. En otra, la reflexión es muy distinta: no sirve de nada… Está bien, te lo pasas bien y punto… Pero no sirve de nada. ¿Cómo es posible que se den dos visiones tan distintas? (Pregunta retórica porque lo normal entre personas es que veamos todo muy distinto).

Volvamos a las mesas de debate y el momento de la puesta en común. El señor Álvarez se levanta y dice que “el mercado de la formación está experimentando grandes cambios para adaptarse a la situación económica actual”.

La señora Pérez apunta en tono jocoso: “Menos mal, ya era hora”.

El señor Álvarez hace que no la escucha y continúa su discurso: “Las empresas demandan cada vez más formación”.

La señora Pérez vuelve a interrumpir: “Pues serán tus empresas, porque las que yo conozco están reduciendo gastos y la formación brilla por su ausencia”.

El señor Álvarez la mira por encima de las gafas y con gesto de que le deje continuar, prosigue: “Las empresas demandan cada vez más formación y cada vez más especializada. Aplicar una política de formación en las empresas que relacione formación y productividad es la clave de la competitividad. De hecho, la formación asegura el éxito en los momentos de incertidumbre como el que estamos viviendo”.

La señora Pérez se da la vuelta y me comenta: “Este tío habla de algo que ha leído por ahí. No tiene ni idea de lo que es el negocio de la formación”.

El señor Álvarez sigue a lo suyo: “Hoy en día, si una empresa quiere mantenerse competitiva debe aceptar la idea de que la formación es una herramienta fundamental para evaluar su marca y su posicionamiento. Y le corresponde a todos los profesionales de la empresa y no sólo a los directivos, diseñar su formación y reciclaje profesional”.

La señora Pérez dice: “Mire, caballero. Me parece muy bonito su discurso, pero no tiene nada que ver con la realidad. Las empresas no tienen dinero. La formación se hace porque es gratis, no te cuesta y el trabajador se queda contento. Además, tal y como está la cosa, tú pagas el curso para un trabajador y al poco se va a otra empresa. Aunque dudo que le sirva de mucho la formación porque es un libro que le envían por correo con un test tan sencillo que no hace falta leerse el libro. Y si cuadra, con algún curso que me ofrece la gestoría para mis trabajadores, me llevo un regalo yo y otro la gestoría. Ese es el negocio de la formación real, el resto son bonitas palabras, pero nada más.”

El señor Álvarez termina diciendo: “Bueno esa es su visión, yo tengo otra muy distinta, como ve. Para mí, el mercado de la formación se está especializando. Antes eran muy pocas las empresas que se formaban y ahora son muchas. Antes se demandaban cursos generales para todos los empleados y ahora se buscan cursos específicos. Antes se buscaba una academia y ahora se prefiere la formación in company. Antes todo eran largas horas en un aula y ahora se empieza a imponer la formación online.

La señora Pérez se vuelve a girar y me dice: “Está claro que no entiende nada y vende humo”.
En ese momento, sólo se me ocurrió decirle: “No si llevan los dos razón.” Y ante la cara de extañeza de la señora, continué: “Lo que pasa es que él habla del mercado de la formación y cree en él, mientras que usted habla del negocio que se hace con la formación”.
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