¿En qué se diferencia “trabajar” de “estar en un spa”?

“Mens sana in corpore sano”

VIERNES.

Ella dijo: “¿Qué haces este fin de semana, Mario?”; y yo le dije: “Trabajar, tengo un MVA*”; ella replicó: “Jo, qué lástima porque vamos a ir a un spa“; yo… sonreí.

DOMINGO

¡Vaya cena más rara! Yo llegué contento como de costumbre y además, llegué de primero (lo que no es tan “de costumbre”). Entré en el restaurante, me senté en la barra mientras llegaban los del spa y me pedí un caña. Mientras hacía tiempo, revisaba mi correo en el móvil y escribía algunas notas de mi último seminario. Al poco, empezó a llegar la gente.

La primera en llegar se acercó sonriendo. La vi relajada. Nos saludamos y me dijo: “no preguntes”. ¡Cómo no preguntes! Se van tus amigos a un spa, tú no puedes ir y te dicen que no preguntes. No. Había que preguntar.

El caso es que el spa no fue lo que debería haber sido. Ellos se esperaban un día de relax en un balneario, pero no hubo tanto relax. Para empezar les dijeron que no tenían reserva y aunque ellos presentaron el pago por transferencia y la confirmación por e-mail, tardaron en entrar. Fue una primera situación incómoda. La segunda fue muy graciosa (por lo menos, a mí me lo parece). Resulta que el spa es muy moderno y de diseño, por lo que sólo permite gorros de piscina que sean blancos. Ninguno de mis amigos llevaba un gorro blanco y tuvieron que comprar uno cada uno. Segundo momento incómodo, aunque sería un recuerdo de aquel spa. El tercer momento fue a la hora de ponerse el albornoz. Todos tenían algún desperfecto, sobre todo el de María que tenía un sistema de respiración para las axilas, algo así como un enorme agujero, para entendernos. Entraron en la piscina y efectivamente, la gente llevaba gorro blanco. Lo que no estaba tan blanco era el fondo de la piscina, ni los azulejos, ni los baños… Todo eso unido a que los chorros casi no tenían presión, los baños con aromas estaban averiados y la sauna era muy muy muy pequeña, hizo que el spa no fuera un día de relax, sino un día de ir sumando enfados. Dejaron el spa rellenando una reclamación y se volvieron al hotel… 4 estrellas… ¿Quién da las estrellas?… Para cenar, ensaladas tan limpias como el spa, buffet frío, tortilla congelada, arroz tres delicias congelado, san jacobo congelado, pizza congelada… Algo así, como la sección de congeledos de un supermercado, pero descongelados… Quizás las estrellas del hotel sean como las del congelador… Hotel con congeladores 4 estrellas.

La verdad es que contado entre amigos resultó gracioso, pero vivirlo no lo debió de ser tanto. No fue una experiencia relajante, refrescante, un momento tranquillo, cómodo… ¿Y cómo te fue a ti, Mario?… Yo sí estuve en un spa.

Me explico. Vale que estuve trabajando, pero lo estuve haciendo en un espacio cómodo. La comodidad es más importante de lo que muchas veces pensamos. Era la idea central de mi seminario: “para vender, tenemos que estar cómodos”. Pero se puede aplicar más allá de la venta. Para formar, tenemos que estar cómodos. Para trabajar, tenemos que estar cómodos. Porque sólo estando cómodos, damos lo mejor de nosotros/as mismos/as. No quiero decir que todo sea fácil, porque el trabajo es esfuerzo, pero sí, crear situaciones de comodidad. Pensar cuál es el momento, el espacio, la forma en que yo me siento cómodo y luego, aplicarlo. Si trabajar supone ir sumando enfados, lo acabaremos pagando. Si trabajar significa una experiencia de comodidad, lo acabaremos ganando. ¡¡Siéntete cómodo/a!!

*MVA. Seminario de Motivación para la Venta (motivar, vender, avanzar).

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