Sentadito me quedé

“El pie es una medida de longitud. El hombre mide dos pies.”

Jaume Perich

“Llegué al aula, saludé a los primeros compañeros que habían llegado, me senté y sentadito me quedé”. Así de fácil me explicó cómo había sido su curso.

Me explico. Suelo preguntarle a la gente que se forma e incluso, a la que sólo acude a cursos, qué tal les fue, qué hicieron, cómo se sintieron… Es otra forma de investigar el mundo de la formación, claro. El caso es que no es la primera vez que escucho reflexiones como la de mi amigo. “Llegamos, nos sentamos, nos soltaron un power point y nos fuimos”.

Mi cabeza le dio vueltas al tema. La clave no está en llegar. La clave no está en irse. La clave no está en el power point, que el pobre se está convirtiendo en el programa más criticado después de Windows. La clave está en “sentarse”. Entonces, le pregunté: “¿Cuánto tiempo estuviste sentado?” La respuesta: “Tres horas”. Mi segunda pregunta: “¿Y si hubieras estado de pie, hubieras aguantado?”… “¡Ni de broma!” Sentenció. Ahí está la clave. Si la gente hiciera cursos de pie, esto obligaría a que los cursos fueran interesantes, sólo así la gente atendería por interés y no por pasar las horas. Es como una reunión. Si te sientas, aguantas dos o tres horas de reunión. Si la haces de pie, de pronto, todo el mundo sabe qué es lo que se quiere conseguir con esa reunión, se autogestiona y en media hora todo el mundo sale contento y con el objetivo cumplido. No lo digo yo, es lo que se lleva haciendo en Gillete desde hace mucho tiempo. Antes se reunían y en el rato que les quedaba entre reuniones, trabajaban. Ahora trabajan y las reuniones son efectivas.

No sé si proponer que los cursos se hagan de pie, pero por lo menos sí me gustaría dejar esa duda en la cabeza: ¿Es interesante para mis alumnos/as lo que digo? ¿Aguantarían de pie? “Sí”, entonces es interesante. “Ni de broma”, entonces tengo que pensar en otro método. Creo que he llegado a una conclusión: el pie no es sólo una medida de longitud, sino de calidad.

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