Escucha bien lo que te digo, amigo te huelen los oídos

Tenemos dos orejas y una sola boca para que escuchemos el doble de lo que hablamos”.

Zenón de Citión

Supongamos por un momento que quiero ir de viaje a Londres y entra alguien por la puerta de la oficina diciendo que se va a ir a Londres en el próximo puente. No es un suponer, es que ha sucedido y ¿qué han escuchado mis oídos? Que se va a Londres y yo quiero ir a Londres. ¿Qué más me ha dicho? No lo sé, ¿por qué? Porque quiero ir a Londres y ella se va a ir a Londres. Dijo la palabra Londres y se acabó mi escucha. Mi cabeza escuchó lo que quería escuchar: Londres; punto.

Supongamos ahora que estoy en una sesión y pregunto qué es escuchar porque quiero saber si mis alumnos/as tienen claro que escuchar es olvidarse de lo que uno piensa, para saber cómo piensan los demás… Y resulta que todo el mundo habla de prestar atención, tener paciencia, dejarse expresar, etc. pero nadie dice que es olvidarse de lo que uno piensa, para saber cómo piensan los demás… ¿Qué ocurre? Que sigo preguntando hasta que alguien lo diga, ¿por qué? Porque quiero oírlo. ¿Por qué? Porque necesito oírlo. Y de pronto alguien dice algo parecido y digo “eso es” y siempre hay alguien que dice, “pero eso ya lo dije yo”… ¿Lo dijo? Sí, pero no lo escuché ¿por qué? Porque estaba esperando una palabras y él utilizó otras para decir lo mismo.

¿Qué ha ocurrido en los dos casos? Algo que me ocurre siempre, que cada uno/a de nosotros/as selecciona lo que escucha. Tenemos una gran capacidad de escucha selectiva, de decidir lo que queremos escuchar y lo que no y sobre todo, de decidir si lo que escuchamos es lo que queremos o no. ¿Es eso escuchar? Sí, pero una forma de escuchar que tiene sus ventajas y sus desventajas. Si yo sólo escucho “Londres”, me pierdo el saber cuándo se va, con quién, por qué, qué va a hacer, muchísima información. Si sólo escucho “olvidarse de lo que uno piensa”, me pierdo palabras como paciencia, dejar expresar, etc.

Escuchar es una habilidad, pero cómo escuchar es una decisión. Podemos decidir no escuchar cuando algo no nos interesa. Es fácil. Podemos decidir “hacer que escuchamos” para que no le parezca mal a la otra persona mientras nosotros/as pensamos en lo nuestro. Tampoco es difícil. Podemos hacer una escucha selectiva porque queremos escuchar determinadas palabras. Casi todo el mundo lo hace. Pero existen dos formas de escuchar que también se pueden poner en práctica. Se puede escuchar de forma activa, prestando una atención al cien por cien de lo que dice la otra persona y ser capaz de repetir sus palabras. Una escucha que evita malos entendidos. Y también se puede escuchar de una forma empática, metiéndose en la cabeza de la otra persona, no compartiendo todo lo que dice, pero sí entendiendo cómo esa otra persona interpreta sus propias palabras. Una forma de escucha que no sólo evita malos entendidos, sino que ofrece todas las posibilidades para entenderse.

Es curioso cuántas veces he explicado la escucha empática haciendo escucha selectiva, pero somos humanos y una cosa es la teoría y otra la práctica. Te recomiendo que aprendas a escuchar y cuando creas que ya lo sabes todo, que sigas intentando mejorar. ¿Se te ocurre alguna forma? No lo pienses más, hazlo, decide cómo quieres escuchar.

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