Van dos estímulos por la calle y se cae el del medio

“La capacidad de atención del hombre es limitada y debe ser constantemente espoleada por la provocación.”

ALBERT CAMUS

Habíamos quedado para comer en un restaurante italiano de Coruña desde el que se veía el mar y antes de empezar, ella me dijo: “Te voy a hacer dos preguntas, Mario”; “¡Adelante!” Le dije yo. “Pon en este papel todas las cosas que vas a hacer después de comer”… “¡¿Todas?!” Exclamé dada mi hiperactividad. Ella sonrió y dijo: “Bueno, conociéndote, sólo las cien primeras”; “¡Ah, vale!” Me tranquilicé. Y ella concluyó: “Con cinco, basta”. “Mejor” decían mis ojos. Escribí las cinco cosas que haría después… y ahora, te pediría que lo hicieras tú también… ¿Qué cinco cosas vas a hacer cuando acabes de leer este relato?

Cuando acabé, ella le dio la vuelta al papel y me dijo: “Y ahora quiero que escribas las cinco cosas que has hecho justo antes de venir al restaurante… Con cinco, basta”. También lo hice, no sé a dónde quería llegar, pero me dejaba llevar… y ahora, te pediría que lo hicieras tú también… ¿Qué cinco cosas acabas de hacer antes de leer este relato?

Llegó el camarero y me dijo que no hacía falta que escribiera lo que íbamos a comer, que se lo podía decir de palabra. Me reí, ella también y el camarero se sintió bien, pero no le explicamos lo que estábamos haciendo. Pedimos de beber y un poco de tiempo para ver la carta.

“Ahora ya está todo”, dijo ella. “¿Todo lo qué?”… “Verás, en este momento ya sé todo lo que pasa por tu cabeza, lo que vas a hacer o quieres hacer después, lo que acabas de hacer y lo que estás haciendo. Contra todo eso tengo que luchar para que me hagas caso. Si quiero que me prestes atención, tengo que saber que compito contra la cama que has dejado sin hacer por la mañana, el recibo de la luz que te ha llegado, que el móvil de tu madre estaba apagado, que tienes sed y quieres beber agua, que quieres ir al cine esta noche pero no sabes qué película ver, etc. Todos esos son mis rivales y tengo que ganarles para que me hagas caso, si no, estarás pensando en otra cosa y te olvidarás de lo que te estoy contando”. Su reflexión me encantó y la traduje rápidamente a la formación… Cuando formamos, luchamos contra un montón de estímulos que acaparan la atención de nuestros alumnos y alumnas. No sólo estímulos del presente, sino de lo que acaban de hacer, del pasado, y de lo que harán, del futuro. Siempre queremos que nos presten atención, pero prestar atención es muy difícil, porque hay un montón de estímulos llamando a la puerta de la atención.

La comida estuvo genial y la tarde mejor y en lugar de ir al cine, me quedé escribiendo y al encender el ordenador, lo vi claro. Lo encendí, abrí el Word, el Publisher, el Corel, el Gmail, el Facebook, el WordPress… Eso es, todos los programas buscando mi atención… ¿Y cuál se la ganaría?… ¡El antivirus!… ¿Por qué? Porque salía una y otra vez una pantalla para avisarme de que tenía que renovar la licencia… Luego el Facebook porque llegaban comentarios… Luego el Gmail porque llegaban mensajes… ¿Y qué les ocurría a Word, Publisher, Corel o WordPress? Que estaban perdiendo la batalla de los estímulos. Que yo los había abierto porque quería escribir, diseñar o publicar, pero otros programas me decían “ven con nosotros”. Eso es la atención. Es imposible centrarse en una sola cosa y hay que saber gestionar una atención “multitarea” y para que te atiendan los demás, tienes que saber competir contra el resto de estímulos. No es suficiente con decir “escucha” porque hay muchos estímulos diciendo “escucha”. Para captar la atención dos estímulos son pocos, hay que echarle más estímulos. Por cierto, ¿en qué has pensado mientras leías este relato?

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