Al César lo que es del César

“La libertad supone responsabilidad. Por eso la mayor parte de los hombres la temen tanto.”

GEORGE BERNARD SHAW

Hacía un mes que no la veía y ayer volví a ver a Luisa. “¡Hola Luisa!” saludé. “¡Tenías razón!” me contestó. Luisa tiene el superpoder de acordarse de todas las conversaciones y pase el tiempo que pase, te saluda como siguiendo la última conversación que hayas tenido con ella. Por el contrario, mi capacidad de memoria compite con los peces y salgo perdiendo. “¡Gracias, Luisa! Pero, ¿en qué tenía razón?”

Luisa se dio cuenta de que estaba hablando conmigo y que tenía que devolverme a la última vez que hablamos. Más o menos la situación era ésta: el debate estaba abierto. A un lado Luisa defendiendo la esencia de la formación, los alumnos. Al otro, Evaristo, el rey de la baraja,  que defendía que al César lo que es del César, es decir, que al formador lo suyo y al alumno lo que le toca. Luisa tenía claro que ella como formadora era responsable de sus alumnos; Evaristo tenía claro que no. Luisa le increpó diciéndole que él sólo se preocupaba de sí mismo y Evaristo le devolvió el adjetivo llamándola mamá pato. “¿Y tú no vas a decir nada, Mario?” dijeron al mismo tiempo. “Estoy con Evaristo” dije sin dudar. “¡Vaya dos! ¡Me voy!”  Y se fue.”

El caso es que como formador mi obligación, responsabilidad y libertad se limita a crear el mayor número de formas de facilitar el aprendizaje; mientras que los alumnos tienen la obligación, responsabilidad y libertad de aprender aquello que quieran aprender. Aprender o no es su decisión; crear espacios de formación es la mía. Por tanto, al César lo que es del César. Mi trabajo como formador consiste en crear el mayor número de estímulos, motivos, espacios, métodos, ejercicios, sorpresas que faciliten que quien quiera aprender, aprenda. No se puede responsabilizar al formador del aprendizaje porque el aprendizaje exige voluntad, esfuerzo y cambio. Y voluntad, esfuerzo y cambio dependen de cada uno y no de nadie externo. Conociendo a cada uno de mis alumnos puedo mejorar y crear más oportunidades de aprendizaje, pero aprender depende de ellos. Claro que me preocupo por ellos, pero no puedo ocupar su espacio de responsabilidad. Creer que su aprendizaje depende de mí es no creer en las personas y volver a tiempos autoritarios. No acepto la autoridad del formador, sino el liderazgo en el proceso de formación. No creo en la superioridad del maestro por gracia de los dioses, sino en el liderazgo que le confiere el alumno. Si puedo aprender contigo estoy dispuesto a que me enseñes, si no puedo aprender, eres un obstáculo. No creo en el despotismo ilustrado. Como alumno, quiero mi espacio de responsabilidad, no me lo quites y menos diciendo que es por mi bien o que lo haces pensando en mí.

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