El sueño de una noche de San Juan

“Creemos intensamente en el poder de las personas para cambiar sus vidas y su realidad.”
Sergio Fernández y Rubén Chacón, El Sorprendedor

Era la noche de San Juan. Se sentó a mi lado delante de nuestra hoguera y me dijo “hace tiempo que ya no escribes en el blog, Mario”. Mis ojos decían que era cierto y le respondí con una sonrisa. “¿Por qué no escribes?” continuó. Manteniendo la sonrisa le dije “porque he aprendido a esperar… Nunca he sido capaz de esperar, no tengo paciencia, quiero todo y lo quiero ya, así que me he obligado a esperar, a dejar que pase tiempo entre lo que decido y lo que hago”. “¡Caramba!” dijo ella. “Creo que es importante darle tiempo a las cosas, ver si realmente es importante para uno, si realmente quiero hacerlo o lo hago porque sé, porque se me da bien o porque me gusta… Sabes, una vez alguien me dijo que yo fingía, que actuaba, que no era yo… Me dolió, me sentí atacado, pero en lugar de defenderme quise escucharlo, saber lo que significaba, ir más allá… Si alguien decía aquello era porque estaba viendo algo que yo no veía… No se trataba de si llevaba razón él o yo, sino de que estaba pasando algo y las dos personas veíamos realidades distintas… Aquel momento fue especial para mí. Tardé en entenderlo pero al final, lo entendí… o eso creo. No fingía, pero actuaba. Me había construido mi propio personaje. Hacía lo que quería hacer, decía lo que quería decir, sentía lo que quería sentir, me controlaba a mí mismo, controlaba la situación… ¿Cuál era el precio?… Yo mismo, mi imaginación, mi creatividad, mis alas, experimentar, crecer… Era seguro en mi castillo, pero no volaba. Pasé a ser esclavo de mí mismo. Me gustaba porque era mi propio dueño, pero el precio era la libertad… Encontré una pista al analizar la humildad y el éxito, la arrogancia y la falsa humildad y leí una frase de Mario Alonso Puig que decía que somos más de lo que pensamos que somos y eso no es arrogancia, sino justo reconocimiento… Ahora tengo más clara una idea que es el valor de las personas. De todas las personas. De cada una de las personas. Creo en las personas. Las personas pueden cambiar y decidir por sí mismas. Hacerse responsables de lo que hacen, de lo que sienten, de lo que piensan, de su propio crecimiento. Creo en personas responsables de sí mismas y libres. Creo en las personas. No hay nada fuera de las personas. Y voy a apostar por mí y por ellas.” Ahora la que sonreía era ella. “Entonces, ¿vas a volver a escribir en el blog?”… Miré a la hoguera, sentí el calor de la noche de San Juan en la playa y le dije: “Sí, pero a partir de ahora escribiré sobre comunicación”.

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