Pero fue sin querer

“Nada es más libre que la imaginación humana.”

David Hume

 He recibido un mensaje, un SMS de esos que se pagan y no un WhatsApp. Y aunque eso ya es noticia, lo mejor era lo que contenía: “Pensé que no iba a ser capaz. Gracias por hacerlo posible”. Habíamos estado un mes trabajando en su próxima ponencia y ahora que la había hecho y estaba muy contento, todavía no había aprendido lo más importante. Le contesté con otro SMS: “Cuando me pediste que trabajásemos en tu próxima ponencia, sabía que eras capaz. Gracias por hacerlo posible.” Siempre creo en las personas, en su desarrollo y en su capacidad para superar retos. Al rato, recibí otro. Dos SMS en menos de 5 minutos, eso sí que era noticia. “Que sí, que sí, que ya lo sé, pero te lo quería agradecer”. ¡Ah! Era yo el que se había equivocado. Listillo.

Me quedé mirando al teléfono y me puse a reír. Había interpretado mal su mensaje. Él sólo quería dar las gracias y yo había puesto la importancia en esa frase de “que no iba a ser capaz”. Ése es el primer error de la comunicación. Cuando emisor y receptor compartimos un mismo mensaje, pero no le damos importancia a lo mismo. Y da lo mismo las veces que lo digamos sino compartimos una misma finalidad, siempre caeremos en la mala interpretación… pero fue sin querer, sin malicia, sin malas intenciones, pero fue mala interpretación.

Guardé el teléfono en el bolsillo y una frase resonó en mi cabeza: “Lo importante tiene que ser diferente”. Eso es. Sólo haciéndolo diferente es como conseguimos que los demás entiendan lo que es importante para nosotros y lo que no. Si no lo hacemos, serán ellos o ellas quienes diferencien lo que es importante. ¿Y cómo lo hacemos? Creatividad, amigos y amigas. Lo primero es saber diferenciar qué es lo importante de lo que decimos, luego, la técnica. Hala, ya tengo tema para el próximo post… “Crea, crea, no hace falta equipaje”.

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