Quiero darme un baño

“La palabra es mitad de quien la pronuncia, mitad de quien la escucha.”

MICHEL EYQUEM DE MONTAIGNE

Mes de agosto. Playa tranquila. El sol nos tenía derretidos en la arena y le pregunté. “Oye, Montse, ¿quieres construir tu mejor versión?” Ella me contestó que lo que quería era un baño. Así es la comunicación. Dos personas se hablan y ellas se entienden. Si todo fuera sencillo a la pregunta “¿Quieres construir tu mejor versión?” le correspondería una respuesta del tipo “sí quiero” o “no quiero”; pero las personas somos más complejas y tenemos muchas alternativas de respuesta. En este caso, Montse omitió una parte de su respuesta: “No te voy a contestar ¿Qué pregunta es esa en pleno mes de agosto y en la playa? No estoy para preguntas filosóficas sobre mi vida, hace mucho calor y lo que realmente quiero”… Y ahí es donde contestó verbalmente: “lo que quiero es un baño”. Por suerte, la cara de Montse es muy expresiva y lo dijo todo con su mirada.

Mes de agosto. Playa tranquila. El sol nos tenía derretidos en la arena y le pregunté. “Oye, Montse, ¿quieres construir tu mejor versión?” (Aunque creas que esto ya lo has leído, sigue por favor) Ella me contestó que lo que quería era un baño. Así es la comunicación. Dos personas se hablan y ellas se entienden. Si todo fuera sencillo a la pregunta “¿Quieres construir tu mejor versión?” le correspondería una respuesta del tipo “sí quiero” o “no quiero”; pero las personas somos más complejas y tenemos muchas alternativas de respuesta (sigue leyendo, por favor, no se trata de un déjà vu). En este caso, Montse omitió una parte de su respuesta: “Claro que quiero, pero tengo tal lío en la cabeza que no sabría por dónde empezar. No estoy para ponerme a pensar ahora. ¡Buf! ¡Qué complicado! Lo mejor será que me refresque y a ver si así tengo las ideas más claras”… Y ahí es donde contestó verbalmente: “lo que quiero es un baño”. Por suerte, la cara de Montse es muy expresiva y lo dijo todo con su mirada.

¿Qué pasó por la cabeza de Montse? ¿Qué decía su mirada? No lo sé. Lo que sí sé es que según lo que yo interprete, así me hacen sentir las palabras de los demás y me predispone a seguir hablando de una forma o de otra. ¡Cuántas veces interpretamos lo que dicen los demás y cuántas veces nos equivocamos! De haberlo pensado antes, seguro que nuestra respuesta hubiese sido otra. Porque no somos dueños de las palabras de los demás, pero sí de lo que interpretamos y de lo que respondemos. ¿Qué hice yo? Me fui a dar un baño.

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