La receta de hablar en público

“Yo apunté al corazón del público, y por accidente les dí en el estómago.”

UPTON SINCLAIR

Me lo presentó Raquel y él se hacía llamar Milo. Le pregunté de dónde venía su nombre y me dijo que se llamaba Emilio Manuel. Que Emilio es como quería llamarle la madre y Manuel su abuela porque así se llamaban su padre y su abuelo, pero que luego con el tiempo sus amigos empezaron a llamarlo Milo y así se quedó su nombre. “Muy bien, Milo, ya hemos empezado el entrenamiento” le dije. “Verás, ya sabía que Milo venía de Emilio, no eres el primero que conozco, pero me ha gustado tu historia, cuéntamela otra vez”. Milo se quedó mirando para mí sorprendido de mis palabras.

En resumen. Milo tenía que hacer una presentación de su empresa en unas jornadas de responsabilidad social y no tenía muy claro cómo hacerla. Sus dudas, las habituales: ¿Uso power point? ¿Le interesará a la gente? ¿Cómo hago para estar tranquilo? ¿Participarán si les hago una pregunta? ¿Y si me quedo en blanco? Lo que Milo quería era una receta para hablar en público y lo que se encontró no fue una receta, sino una forma de convertirse en cocinero.

“¿Qué quieres decir de tu empresa, Milo? ¿Qué significa eso? ¿Para qué quieres que los demás lo sepan? ¿Qué les puede aportar? ¿Qué pueden hacer con eso que les vas a decir? ¿Cómo te sientes diciendo eso? ¿Cómo te gustaría sentirte? ¿Qué te motiva a hablar de tu empresa?…” Sólo encontrando el motor nos podemos mover. Los obstáculos de estar tranquilo, hacer preguntas al público, no quedarse en blanco, etc. sólo se pueden salvar si tenemos un motor en funcionamiento. Primero, encontramos ese motor que nos impulsa a hablar y desde ese momento, ya tenemos la posibilidad de enfrentarnos a los obstáculos y miedos que van a venir después. “¿De qué te gusta hablar? ¿Cómo te sientes cómodo? ¿Qué te gusta decir? ¿Usas refranes, anécdotas, cuentos?” Todo el mundo tiene recursos para hablar y siempre sabemos manejar unos mejor que otros. “Probemos alternativas… ¿Cuál te gusta más? ¿Cuál escoges? ¿Qué puede hacer el público mientras tú hablas? ¿Es necesario acompañarte de sonidos? ¿Requieres imágenes?…” Y en cuestión de poco tiempo, Emilio Manuel tenía ganas de dar a conocer a todo el mundo cómo los niños del barrio en el que pasó su infancia y le pusieron el nombre de Milo, ahora escuchaban cuentos todos los jueves contados por personas mayores, por las mismas personas mayores con las que antes discutían en el parque.

Milo se sintió distinto. Ya no quería recetas, se sabía cocinero. Cierto es que cocinar requiere tiempo, pero el primer paso ya estaba dado: motivación, alternativas frente a los obstáculos y decisión para hablar en público. Me preguntó si era coaching lo que habíamos hecho y le dije, que lo que él estaba haciendo era cambiar para alcanzar su mejor versión ¡Que aproveche!

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Texto de presentación de las “IV Xornadas Internacionais de Coaching: construyendo nuestra mejor versión”. 11 y 12 de octubre. Santiago de Compostela.

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