Todo el mundo necesita humor

“Si la vida no te sonríe, hazle cosquillas”

Se acercó a mí me dijo: “Mario, tengo un chiste que te va a encantar”. Quien me conoce sabe que me encantan los chistes malos, así que ahora no esperes un gran chiste. “Entra un tío en un videoclub y pide la película de Batman Forever (léase como traducción: Batman para siempre) y le dice la dependienta: No, sólo puede ser por 24 horas”. Reconozco que me encantó el chiste, de verdad. No llegó a la altura del chiste del perro, pero estuvo cerca. Hacía un año ya me había contado otro. Éste era de los malos de verdad. “Están dos pollitos policías, he dicho pollitos policías, dirigiendo el tráfico y cada vez hay más coches y uno dice ¡Necesitamos a Pollo! (leer Apoyo)”. Y esa misma persona fue el que me contó en su día el chiste de “¿Qué hacen dos contables en una playa de Gijón? No lo sé. Surf” (léase la pregunta: ¿Qué hacen dos con “tables” en una playa de Gijón?). Y el mismo que en su día quería hacerme saber muchas cosas: “¿Sabes el chiste del hombre entre dos vallas? No ¡Vaya, hombre, vaya!” o “¿Sabes el chiste del yogurt? No. Natural”. Si todavía sigues leyendo este artículo creo que tengo que darte las gracias.

Los chistes malos tienen algo que no los hace tan malos. De hecho, para quienes nos gustan deberíamos considerarlos buenos. Sólo de pensar en ellos, me dan ganas de reír y muchas veces la vida nos pone a prueba para saber si somos capaces de seguir riendo. Recuerdo que en el programa de humor 4con60 que hacía con David Mosquera, Jorge López (Jordi) y Álex Fente en CUAC FM tuvimos la gran sección “Concurso de chistes malos” que duró los cinco años en que estuvimos en la radio. Era un programa que emitíamos los viernes de 22 a 23 y con una idea: terminar la semana con humor para demostrar que siempre podemos reír… Ahora mismo, recuerdo dos chistes de aquel concurso: “Sales minerales… No, estoy castigada” y “¿Qué es el arte? Morirse de frío”.

Hay tres conclusiones que saco de los chistes malos. La primera, “tanto si crees que te va a hacer reír como que no, estás en lo cierto”. Es decir, que en toda comunicación el filtro de lo que creemos predice el resultado. Segundo, el humor rompe el lado racional de cómo pensamos, así que nos abre las puertas a nuevas posibilidades y a la creatividad. Y tercero, que no es lo mismo leerlos que contarlos porque las palabras no son suficientes, somos las personas las que llenamos de matices lo que contamos. Te propongo un ejercicio. Créete que alguno de los chistes anteriores te va a hacer reír (chiste bueno), acepta que no todo tiene que ser racional y llena de matices uno de ellos: cambia el tono de voz, haz pausas, juega con la palabras… Es impresionante cómo cambiando nuestro estado antes de leerlos, las mismas palabras producen un efecto diferente. A fin de cuentas, nos gusta o no lo que nosotros interpretamos, no lo que nos cuentan. Estar abiertos al humor permite mejorar nuestro estado de ánimo y nuestra salud y para ello, no es tan importante que quien cuente el chiste sea el mejor humorista del mundo como que estemos preparados para reírnos y eso depende de nosotros. Reírse es salud, la salud no tiene discusión y en definitiva, todo el mundo necesita humor.

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