Actualiza tu estado

“Aquellos que dicen que algo no puede hacerse, suelen ser interrumpidos por otros que lo están haciendo”
JOEL A. BARKER

Hacer. Esa es la clave. ¿hacer o no hacer? Esa es la cuestión. Permíteme que no te hable de Maslow, ni de Skinner, ni de las teorías XY de la motivación. Permíteme que te hable de hacer y de no hacer. No de intenciones o vois, vois, vois… Porque he conocido a mucha gente que iba a hacer muchas cosas y no las hicimos; y ahí está la clave. Hacer, dar el paso, ponerse en acción, encender el motor y ponerse a andar. Decidirse y arrancar. Ponerse en movimiento, accionar el “motus”, tener motivo, motivarse. Pero sin acción, no hay motivación porque la motivación es poner en acción los motivos ¿Qué motivos? Cada cual los suyos. ¿Quién se motiva, entonces? Todo el mundo, pero cada persona a sí misma. ¿Qué puedo hacer yo? Motivarme a mí mismo y animar a los demás a que se motiven, a que arranquen, a que pulsen su botón de ON. ¿Y cómo? Buscando actitudes y comportamientos en ellos, de forma consciente o inconsciente. Si se comportan, actúan y si actúan es porque han tomado la decisión de actuar, se han motivado ¿Y cómo consigo comportamientos? No se trata de hacer por hacer, sino de hacer con actitud. ¿Qué tengo que hacer? Inducir a los demás a que muestren esas actitudes y se comporten de una manera, inducir a experimentar estados emocionales. ¿Y cómo? Se me ocurren nueve formas para inducirlos:

Uno, cuenta un ejemplo. Resulta que el camaleón CAMBIA de color según la ocasión, ¿para qué lo hace? Para que no lo descubran. No le importa CAMBIAR, sigue siendo el mismo camaleón, pero… seguramente la palabra CAMBIO está ya en tu mente y estás pensando en CAMBIAR. Hemos inducido hacia una actitud de CAMBIO, pero la acción depende de ti ¿Quieres CAMBIAR? Si estás leyendo esto de forma atenta, es difícil que tu mente no esté contestando a la pregunta anterior.

Dos, cuenta un relato. Normalmente, me hago el remolón en la cama y tardo en levantarme. Pero hoy no. Hoy ha sido distinto. Me he levantado con plena energía. Con fuerza. He desayunado como nunca. Hoy estoy dispuesto a que sea una gran día. Y esta mañana, cuando he salido de casa, he saludado a la portera que nunca saluda y me ha devuelto el saludo. Pero eso no es todo. Cojo el coche, bajo al centro de la ciudad donde nunca hay sitio para aparcar y… Seguramente estás pensando que he encontrado sitio ¿por qué?  Porque estamos induciendo a un estado positivo, de suerte, de que todo sale bien. Prueba.

Tres, entra en el estado emocional. Sonríe. Hazlo, nadie te está viendo. Ahora, levanta las cejas. Y ahora di: ¡Ah! Más o menos tendrás la cara de haberte sorprendido por algo. Cuenta lo que quieras y sorpréndete. Estaremos creando una actitud de sorpresa en la gente, porque aunque no estén pensando en lo que dices que te sor-prende, estarán pensando en lo que a ellos/as les sorprende.

Cuatro, utiliza el tono de voz que produce una sensación. Habla tranquilo/a, más tranquilo/a, más lento, mira a los ojos, más lento… Seguramente si estás muy concentrado o concentrada ya estés leyendo este texto de forma más lenta. Recuerda que estamos induciendo estados emocionales.

Cinco, haz una acción que represente el estado emocional. Levanta el puño y muévelo como si hubieras conseguido el gol de tu vida, el punto de tenis más importante, la carrera de Fórmula 1 o cualquier triunfo que no fuera deportivo. Ese gesto es suficiente para llevarte a un estado emocional y si dejas que lo hagan los demás, también entrarán en ese estado.

Seis, hacer una pregunta directa. ¿Qué opinas de la Agresividad? Te estoy preguntando ¿Qué opinas de la agresividad?¿Eres agresivo? ¿Te sientes agresivo? ¿Te gusta la agresividad? No, no, no… Mi cabeza ya está pensando en situaciones agresivas.

Siete, hacer una pregunta indirecta. ¿Crees que hay mucha gente agresiva? ¿Crees que en la televisión se valora la agresividad? No hace falta que contestes, pero ya estarás pensado en la agresividad y a lo mejor quieres contestar ya.

Ocho, crear un contexto. Un barco que se hunde y tú vas en él. Naufragas, he dicho naufragas y llegas a una isla. Después de echar el agua que has tragado, te encuentras en la orilla, solo/a, asustado/a, con hambre, con miedo, con una playa para explorar… Seguro que ya quieres hacer algo, tomar decisiones, tener iniciativas…

Nueve, un ejemplo personalizado. Recuerdo el día en que me dije, ¿por qué escribes? Porque me gusta ¿por qué nadie lee lo que  escribes? Porque… Porque… ¿Tienes miedo, Mario?… No lo sé. ¿Publica algo?… Y así publiqué mi primer artículo en un blog. A veces hay que motivarse, hacer algo, moverse. Pasé mucho tiempo con el iba a publicar un blog, pero al final, me motivé y puse mis motivos en acción y lo publiqué. ¿Qué quieres hacer? Hazlo. No quiero saber lo qué vas a hacer? Quiero que lo quieras y que lo hagas. Que te motives. ¿Estás pensando en algo que quieras hacer?

Y ahora, el truco ¿por qué funcionan estas técnicas? Porque normalmente la gente hacemos una escucha selectiva de lo que nos dicen. Es decir, seleccionamos de entre las palabras que nos dicen aquéllas que son significativas para lo que estamos pensando en ese momento, hacemos nuestra la conversación de otro. Por eso, cuando alguien habla de algo, rápidamente uno dice, lo mismo me pasó a mí cuando… Y a lo mejor tienen muy poco que ver, pero es fascinante la capacidad que tenemos de vivir la historia de los demás en primera persona. Y gracias a esa capacidad, podemos trasladar a las personas  a estados de ánimo y que decidan motivarse, ponerse en acción. Muchas gracias, ahora ¡Actúa!

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