La excepción confirma la regla

“Todas las generalizaciones son peligrosas, incluida ésta.”

Es divertido tener conversaciones con la gente. Tú hablas de que has ido al cine y que has visto una película que no te ha gustado y entonces, la otra persona salta y dice: “es que el cine de ahora ya no es como el de antes, por eso yo ya no voy”. Otras veces hablas de los vecinos, los amigos, el trabajo o por supuesto, las noticias. En un momento te ves diciendo: “es que todo son malas noticias”. Y tu amigo: “yo por eso ya no leo los periódicos”. Y tú continúas: “y yo ya no veo la tele”. O una conversación muy típica: “tú siempre te olvidas las llaves”… O “tú nunca escuchas”, “tú siempre encuentras sitio para aparcar”, “tú nunca llegas a la hora”. Siempre y nunca. Todo o nada. Nada de puntos medios, generalizamos, nos gusta generalizar. Un día vi a un ciclista ir como loco por la acera y desde entonces digo “hay ciclistas que van como locos”. Sólo lo vi un día, quizás dos o tres, pero no digo: “he visto a tres ciclistas como locos por la acera”; lo que digo es: “yo he visto ciclistas que van como locos por la acera”. Generalizo. Generalizamos (y en este momento estoy generalizando). No pienso si es bueno o malo lo que digo, pero si lo pienso, en realidad nos pasamos mucho tiempo generalizando. Y generalizar no es malo, es la capacidad que tenemos para representar categorías desde algo concreto, sin embargo puede ser un problema a la hora de comunicarnos.

Me explico. Partiendo de lo que vemos en el mundo real, vamos sumando experiencias. Al sumar esas experiencias vamos creando generalidades. Al crear generalidades creemos en ellas. Al creer en ellas lo único que hacemos es comprobarlas todos los días para darnos la razón a nosotros mismos. Al darnos la razón, las creencias se refuerzan. ¿Cómo lo hacemos? Prestando atención a que se cumpla nuestra creencia. Si pasan diez ciclistas por la carretera no me voy a dar cuenta, pero en cuanto pase uno por la acera: “¡Ves! ¡Te lo dije! ¡Van como locos!” Si no me crees, atiende a cuanta gente generaliza sobre los jóvenes y el alcohol, las mujeres al volante o que todos los hombres son iguales. Como nos creemos nuestras generalidades, nos comportamos de acuerdo a ellas y además, si alguien nos demuestra que hay excepciones, decimos: “¡Ves! ¡La excepción confirma la regla!” Todo por darnos la razón a nosotros mismos. ¿Y si no la tenemos? ¿Y si estamos equivocados? Vaya, en muchas conversaciones podemos estar equivocados, pero nuestras creencias y generalidades no nos lo permiten. De ahí que una “con-versación” se convierta muchas veces en una versación de dos personas. No importa de lo que hablamos, importa lo que creemos. No defendemos nuestra opinión, defendemos que es nuestra. Y es que deberíamos pensar que la excepción no confirma la regla ni la anula, sólo la debilita para dejar que entendamos al otro. Si queremos tener buenas conversaciones, tenemos que ser muy conscientes de que tenemos que ver más allá de nuestras generalizaciones y ahora que me doy cuenta, disculpas si este artículo generaliza demasiado 🙂

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