Buena intención, mala interpretación

“No hay palabra mal dicha si no fuese mal entendida”.

REFRÁN POPULAR

Ella empezó a contarme una parte del libro que estaba leyendo. Resulta que la señora Helen había chocado contra el listo de Paul. Llegó Isa a nuestro lado y al preguntar de qué hablábamos, yo le resumí la historia: “Alicia está leyendo este libro ‘Hay Vida después de un Accidente’ y resulta que la señora Helen ha chocado contra el listo de Paul”. “Vaya cosas que lees” le dijo Isa. Alicia me miró como si no hubiera entendido nada y de hecho dijo: “No has entendido nada de lo que te he dicho”.

En ese momento me volvió a contar los detalles: “Helen conducía un camión hacia el sur de California, estaba girando a la derecha de la intersección cuando de pronto, el coche deportivo de Paul que iba a toda pastilla, pensando en lo suyo y que se dirigía al norte, trató de dar la vuelta hacia la izquierda. No se dieron cuenta de que estaban girando por el mismo carril y cuando se dieron cuenta, ya era tarde. Ambos le dieron fuertemente el claxon, pero no frenaron, siguieron girando. De hecho, Paul aceleró justo antes de chocar. Pero chocaron”. Quizás yo estaba resumiendo mucho sus palabras, pero creía que lo había entendido. De todas formas me disculpé: “Disculpa, Alicia, pero quise decir que Helen y Paul chocaron”. Por las palabras de Alicia, no fue una disculpa muy útil: “Pero dijiste: la señora Helen y el listo de Paul. Pues que sepas que Helen es una chica de veinte años y Paul no es un listo. Tenía que llegar rápido al norte porque tenía que coger el último avión para ir a ver a su familia”.

Isa nos miró como si estuviéramos discutiendo y en cierta forma lo estábamos haciendo. Me volví a disculpar porque Alicia estaba muy metida en el libro y en las vidas de Helen y Paul y yo no quería alargar el tema. Aunque en realidad me di cuenta de la capacidad que tenemos para distorsionar mensajes. A mí nadie me dijo que Helen era una señora, pero me hice esa imagen en la cabeza conduciendo un camión. Y de Paul que iba a toda pastilla pensando en lo suyo, me imaginé a un jovencito con la música a tope en un deportivo a quien no le importa que haya otros coches en la carretera. Es imaginación, capacidad creativa, proyección… pero es causa de muchas malinterpretaciones. Saber que distorsionamos lo que nos cuentan, no por mal, sino porque somos así, ayuda a enfadarnos menos y entendernos más. Con una disculpa y una reinterpretación está todo arreglado. Con un enfrentamiento te dije/me dijiste está todo perdido. Así que al igual que en el libro de Alicia, también hay vida después de una mala interpretación.

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