Hoy llevo razón

discusion 2“¿A quién va usted a creer a mí o a sus propios ojos?”

GROUCHO MARX

¡Vaya día! Si lo sé no salgo. He salido esta mañana de compras y me he encontrado a una señora discutiendo con la cajera. En un momento, la señora se convirtió en la gran revolucionaria del siglo exigiendo sus derechos y clamando contra los carteles de ofertas del establecimiento que la habían engañado. La chica de la caja defendía que los carteles estaban bien colocados. Cada una subía un poco más el tono de voz y buscaban aliados con su mirada. Era pura pasión lo que estaban viviendo.

Salí del supermercado y paré a comprar el periódico. ¡Qué suerte! Un señor discutía con Manolo el de la tienda. El periódico daba malas noticias en portada (lo cual no era noticia). El señor se envenenó contra el partido en el poder y Manolo le contestó que los otros eran peores. El lío estaba servido. El señor y Manolo subían su tono de voz, no se escuchaban, sólo se escuchaban a sí mismos y lanzaban ataques a la otra parte como si les fuera la vida en ello.

Salí con vida de la tienda y delante de mí una chica tocaba el claxon. Quería salir y había un coche en doble fila que no le dejaba salir. Desde luego el claxon no era un sonido agradable, pero menos agradables fueron las palabras que empezaron a salir por su boca mentando a la madre de quien fuera el coche que estaba en doble fila. Salió un señor de un bar y pensé: la que se va armar. Y se armó. El señor se disculpó con un “ya voy”; la chica le atacó con un “desgraciado”. No era la primera vez que discutían por el amor que se notaba en sus palabras.

De ahí a un poco, me crucé con una pareja que tenía una conversación muy amena: “Que sí”, “Que no” “Que sí” “Que no” “Que sí” “Que no” “Que sí” “Que te lo digo yo”… Seré sincero, me quedé con ganas de saber de qué hablaban, pero no me atreví a preguntarles. No me parecía un momento apropiado, porque aunque las palabras no eran fuertes, sus caras eran todo un poema y es que no es necesario decir palabras cuando el cuerpo habla.

En fin, que vaya mañanita. Lo que está claro es que todos tenemos auténtica pasión por llevar razón. Nos levantamos con ganas de llevar razón y no nos llega con llevarla, sino que necesitamos que los demás lo reconozcan. Y no importa qué estrategia seguir, lo importante es llevar razón. Objetivo: llevar razón. Finalidad: desconocida. Consecuencia: cada parte defiende su razón con pasión. Estado: animado, calentito, un combate con reflejos, búsqueda de argumentos, ajá, éste si que es bueno, te voy a dejar callado, eliminar los argumentos del contrario, hago que no le escucho (en realidad no le escucho), no contesto (eso es ceder parte de razón), atacar y defender, mi razón es mi razón. Final: Uno cree que gana, pero dos son los que pierden. Cada uno a lo suyo. Segundo asalto, más de lo mismo. ¡A llevar razón!

Es impresionante la energía que perdemos en llevar razón. Creo que llevar razón es perder el tiempo porque al final cada uno se lleva su razón, igual que cuando empezó o como diría el gran Groucho: “¿A quién le va usted a creer a mí o a tus propios ojos?” Si aceptamos que los dos llevamos razón y estamos de acuerdo en estar en desacuerdo, cuánta energía ahorraríamos para lo que de verdad nos interesase. A partir de ahora lo tengo más claro: los demás llevan razón. Se acabó perder energías sin razón para perderlas. ¡Buenos días!

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